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Jardín Literario

La movida literaria en Ibagué es diversa, impulsada por colectivos que convierten la lectura en un espacio de encuentro y creación. Fomentando el amor por la literatura, el intercambio de ideas y la creación de una comunidad.

Literatura en Ibagué

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El periodismo cultural se encarga de difundir diferentes manifestaciones artísticas y saberes que están presentes en la vida cotidiana y en la memoria de una comunidad.  A través de este, es posible observar de qué manera la literatura, la música, el cine y el arte construyen identidad y fortalecen el sentido de pertenencia. Explorar estos procesos nos ayuda a ver que la cultura es una presencia viva que se manifiesta en los lugares que habitamos, en las historias que contamos y en los espacios que preservan la tradición de un país. 
Desde esta perspectiva, resulta fundamental identificar dónde se reúne esa expresión literaria en Ibagué y cómo estos escenarios contribuyen al crecimiento cultural de la ciudad. Por eso, presentamos a continuación una ruta que destaca los lugares y colectivos que hacen parte de la movida literaria de Ibagué.

Esta ruta literaria propone un recorrido por los espacios donde la palabra se fortalece a través de la lectura. Cada punto del mapa destaca un lugar que impulsa la cultura, forma lectores y conserva la memoria escrita de la ciudad.

Ibagué en letras: lugares que construyen la identidad cultural de la ciudad

​Descubriendo la relación real entre los jóvenes de Ibagué y la lectura: hábitos, formatos y motivaciones

Mediante una encuesta a 41 personas entre 15 y 25 años de la ciudad de Ibagué  se dió a conocer con qué frecuencia visitan distintos lugares para leer . Sus respuestas permitieron conocer sus hábitos de lectura, los géneros que prefieren, si son  novela, poesía, cómic o ciencia ficción;  y los formatos que  usan, desde libros físicos hasta digitales y audiolibros.​

También se pudo indentificar qué los motiva a leer, ya sea por placer, estudio o crecimiento personal; así como las barreras que frenan este hábito, entre ellas la falta de tiempo, el acceso limitado o el desinterés. En conjunto, estos hallazgos ofrecen una visión clara y actual sobre la relación de la juventud ibaguereña con la lectura.

El rincón de las Analfabetas

Entre libros y punk: Las Analfabetas, un refugio para los
marginados de la literatura

El periodismo cultural se encarga de descubrir y contar esas historias que, más allá de la noticia del día, revelan cómo una ciudad se expresa y se transforma. En Ibagué, uno de esos relatos se encuentra entre estanterías repletas de libros usados, afiches de punk y el bullicio de la Avenida Ferrocarril. Por esta razón, en este artículo exploramos Las Analfabetas, un refugio cultural nacido de la soledad de la pandemia y convertido hoy en punto de encuentro para quienes no encajan en los moldes tradicionales de la literatura. Un lugar donde leer, escuchar música, reír, tatuarse o simplemente existir en comunidad es parte de la misma experiencia. En Ibagué, más exactamente en calle #41-31 con Avenida Ferrocarril, se encuentra Las Analfabetas, un colectivo ideado por Tomás Sierra y consolidado junto a su pareja, Mariana Gómez. Desde el 2020 transmite la literatura de una forma alternativa. Actualmente, es escenario de eventos culturales y hogar de todo tipo de público.

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Fotografía tomada por Maria José de los Ríos del interior de las Analfabetas

Lo que comenzó como una idea de un joven universitario, quién estaba haciendo una maestría en el extranjero, en plena pandemia del COVID 19, en medio de la soledad y el aislamiento vio en la literatura un refugio. Su pasión creció tanto que sintió la necesidad de compartirla con otros. Así nació la iniciativa de crear un colectivo que acercará a los amantes de la lectura. Lo que eran solo foros en internet. Con pocos espectadores, pasó a ser un escenario cultural reconocido en la ciudad en el que su objetivo es darle a la comunidad alternativa un lugar donde disfrutar de sus intereses sin ser juzgados.


¿Pero qué son Las Analfabetas? Tomás comenta que es difícil darle una definición al lugar: “La gente me preguntaba, ¿qué es Las Analfabetas? y no lo sabía explicar. La mejor forma de entenderlo es venir y experimentarlo”. Aunque su nombre tiene una historia, surgió como una simple broma de Daniel, un amigo cercano de Tomas, quién en una velada lo mencionó como “Analfabetas” y Tomás reconstruyó la idea para darle un toque propio e inclusivo, dando como resultado su sello actual.


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¿Conoces la movida literaria de Ibagué?

Conoce más sobre la historia de Las Analfabetas aquí:

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Fotografía tomada por Maria José de los Ríos del interior de las Analfabetas

Desde su fundación, Las Analfabetas no han parado de crecer, pasaron de foros virtuales, ventas en las calles y reuniones clandestinas, a ser un referente internacional con su proyecto: literatura para chirris y su sede actual en la Avenida Ferrocarril de la ciudad de Ibagué. Mariana Gómez ha sido un motor para potenciar el éxito del lugar. Desde su llegada al proyecto en 2024, ha contribuido con sus habilidades para el dibujo y el diseño a darle una identidad visual al colectivo por medio de las redes sociales con la elaboración de flyers, posts, videos y logos.
Creando así, el sello punkero que hoy, identifica a Las Analfabetas. Además, participó en el proceso de encontrar un hogar que acogiera a la comunidad alternativa que ya había
formado Tómas; para ellos no solo es una librería, es su proyecto de vida. Lograron articular sus pasiones en su propia casa, teniendo la librería en el primer piso y en el segundo su
vivienda y el estudio de tatuajes de Mariana.​

Pero este proyecto no parará de crecer, Mariana espera que en cinco años “la casa esté repleta de libros y la gente comparta nuestra pasión por la lectura”.


En conclusión, Mariana y Tomás son un ejemplo de que “uno sí puede vivir de algo que le gusta”, menciona Mariana Gomez. A la vez, se pueden compartir las pasiones con otras personas creando una comunidad.

Video tomado por Oriana Mendoza de uno de los estantes con libros de Las Analfabetas

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La historia de Las Analfabetas muestra cómo un sueño puede abrir caminos para que más personas encuentren refugio en los libros. Pero, detrás de ese espacio que hoy reúne lectores, conversaciones y encuentros inesperados, hay un origen marcado por decisiones difíciles y una búsqueda personal que terminó marcando otras vidas.

Ahora, para entender cómo nació ese impulso y quién lo sostuvo incluso cuando nadie más creía en él, nos acercamos a la historia de Tomás Sierra: un hombre que cambió la soledad  por el embriagante olor de los libros de segunda mano.

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El hombre que cambió la soledad por una librería

El hombre que cambió la soledad por una librería.MP3Oriana y Maria José
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¿No puedes escucharla? Leela aquí:

Tomás Sierra habría de recordar el día en que cambió el trabajo de oficina por el embriagante olor de los libros de segunda mano, así como se recuerdan los amores contrariados: con la certeza de que no pudo haber sido de otra manera. Tiene 36 años y el prototipo de un hombre dispuesto a resistir la adversidad, es alto como un roble, con una oscura barba poblada y un cabello igualmente negro. Carga en la piel varios tatuajes, entre ellos, algunos referentes a su banda de punk y a las Analfabetas. En medio de esta claridad repentina, después de 6 largos meses viviendo una vida prestada en Estados Unidos, decidió abandonar el doctorado. Pero, antes de dejarlo todo, el director de tesis le propuso cambiar la modalidad de su carrera y quedarse un año más haciendo una maestría en audio y acústica; Tomás aceptó y la concluyó. Al regresar a Colombia encontró que debía continuar trabajando para sostenerse y cumplir al mismo tiempo con su sueño de tener una librería de segunda mano en Ibagué. Allí se convirtió en docente en una Universidad local, aunque no sin tropiezos, pues la maestría debía ser apostillada para adquirir validez oficial y así ganar más dinero. Ese trámite que hasta entonces no ha realizado, terminó filtrándose en su vida de la manera más insólita, la palabra “apostillar” se convirtió en un verso para una de las canciones de Insoportable, su banda de punk.

Aún así, Tomás seguía sintiéndose inconforme con lo que hacía “Me rayé con todo el tema de la institución y pensé nuevamente que tenía que cambiarle el propósito a mi vida y tener una meta propia, no la de trabajar para una institución”. Es ahí cuando Tomás

tomó las riendas de su sueño, aún
cuando sus padres no entendían por
qué había abandonado su doctorado en
Estados Unidos y su trabajo en la
Universidad. No bastaba con sus
voces, también se sumaban las de sus
hermanos y sus amigos que le insistían
que aquello había sido una decisión
imprudente, un disparate sin futuro en
una ciudad como Ibagué. Pero Tomás
se mantuvo firme. Con el dinero que
aún le quedaba de la maestría compró
100 libros y los vendió en la calle a un
precio bajo. No por el afán de tener
dinero sino con la convicción de que la lectura debía estar al alcance de todos “la idea era acercar a la gente a la lectura, que supieran que el leer no es solo tener 80.000 pesos para comprar un alfaguara en Panamericana”, evocó años después, sentado sobre el rústico sillón de los analfabetas, probablemente un mueble heredado de algún familiar o amigo que, tras negarse inicialmente a su idea, hoy son su mayor apoyo y han contribuido con sus objetos en la estética del lugar.

La venta de libros en las calles fue más próspera de lo que él llegó a imaginar y pronto comenzó a traer más libros de segunda mano hasta hacerse un nombre entre la gente. Su estante, que al principio no era más que una mesa de plástico terminó ganándose un prestigio gracias a la lámpara de croché que había heredado de su abuela y a una máscara de unicornio que parecía que custodiaba los libros. Aquellos objetos llamaban la atención de los transeúntes y animado por el fervor de quienes se detenían a curiosear, a leer en voz alta o simplemente a oler las páginas viejas, Tomás decidió convocar sus primeros encuentros de literatura, primero frente a la biblioteca Darío Echandía, a la que llama “la biblioteca de la gente”, aunque el bullicio de los vendedores de minutos y los gritos de la calle, lo obligaron a buscar nuevos horizontes en el Parque Murillo Toro, donde el ruido era mayor; y luego en el Museo de Arte del Tolima, donde fueron expulsados por guardias uniformados.

Pero, su búsqueda no acabó hasta que encontró refugio en el Panóptico, esa antigua prisión que se ha transformado en el lugar predilecto para eventos culturales y donde se realizaron en 2022 los primeros encuentros de Literatura para Chirris, un encuentro predilecto para las personas que no suelen leer.

Fue en 2023 cuando Tomás conoció a Mariana Gomez, la mujer que sin proponérselo le terminaría dando un nuevo sentido a su destino. Un año después, ella se mudó a Ibagué y juntos habitaron un apartamento estrecho en el barrio La Pola, donde si ponían la biblioteca allí, los libros se habrían amontonado con tal desesperación que habrían empujado las paredes hacia afuera. Está falta de espacio los obligó a pensar en algo más grande. Tomás, que
durante años había tenido miedo de abrir la librería de forma individual porque sentía que el peso de las obligaciones lo aplastarían, encontró en Mariana, lectora apasionada, cómplice incondicional, la ayuda que necesitaba. “Si no fuera por ella” dijo rascándose la oscura barba poblada, “la librería seguiría siendo un sueño”. Fue así como le propuso ser parte de aquel proyecto que llamó Las Analfabetas cuyo nombre nació de una broma entre amigos.

​En 2025, Mariana y Tomás dieron con una casa de dos pisos en la Avenida Ferrocarril, a la que bautizaron como “La casa de Las Analfabetas”, un refugio donde en el primer piso quedó consagrado los libros y la cafetería, en la que se respira una tranquilidad absoluta, que parece borrar el bullicio ensordecedor y los problemas de la ciudad. Mientras que el segundo, lo destinaron para la vida en común, con un rincón reservado para el salón de tatuajes de Mariana.

Aunque la librería ha funcionado bien, Tomás ha tenido que seguir ejerciendo su trabajo como ingeniero para poder costear sus gastos, con la esperanza de, en un futuro, poder entregarse del todo a los libros, aunque hasta el momento ha corrido con la suerte de que su trabajo es flexible y le da la opción de no solo mantener el proyecto, sino también, de dedicarle tiempo a su banda, aquella cuyo ritmo pesado,

compensa el silencio de la librería; una mezcla que solo tiene sentido para Tomás, porque son mundos que parecen incompatibles. Todavía recuerda con nostalgia la primera vez que sus hermanos lo arrastraron hacía la música punk, cuando él tenía apenas 10 años y ellos 15. Un día, como Melquíades irrumpiendo en Macondo con sus objetos y maravillas, su hermano apareció con el disco Americana de The Offspring, recién salido a la venta, cuya carátula llamó su atención y le abrió a Tomás una revelación artística, como si un mundo nuevo se abriera ante sus ojos. Desde entonces, se apasionó por esos ritmos al punto de convertirlos en su forma de vida, cuando formó la banda en la que su hermano, quien lo había introducido en ese mundo, diseñó la carátula de su primer CD.

Con el tiempo, las Analfabetas ha dejado de ser la utopía de un hombre soñador para convertirse en un lugar donde la cultura de la ciudad se volvió cercana, con ello, muchos descubrieron que la lectura no era un acto de unos pocos sino un instrumento para conocer y dialogar con más gente. Juan Gomez, que nunca se había interesado por los libros, recuerda la primera vez que asistió a un evento de lectura en las Analfabetas: fue solo por las cervezas y terminó pasando un rato agradable en el cúal pudo reír y emocionarse con la lectura.

Para Tomás este tipo de confesiones son la prueba de que su desempeño no fue en vano; donde todos vieron un disparate, él levantó un lugar en el que incluso los indiferentes hallan un motivo para quedarse en medio de libros viejos, con toda una historia detrás que terminan transformando la vida de quienes los rozan por primera vez. Y quizá, la transformación más evidente ha sido la suya: de pasar del ruidoso entorno del punk ha pasado al silencioso rasgar de las hojas; aunque no ha dejado de amar su banda, ni el estrépito que lo formó, sus oídos ya no soportan el bajo de esos tiempos. Porque las Analfabetas, nacidas de su propio desamparo, acabó convirtiéndose en compañía no solo para él, sino para toda una ciudad, que sin saberlo, también se sentía sola.

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¡Diviértete y ponte a prueba!

Nuestro Equipo

Esta página ha sido creada por un apasionado equipo que busca fomentar la cultura y el amor por la literatura en la ciudad.

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